18 oct. 2015

Sumar no es colocar un número debajo de otro



Hoy quiero acercarme a una operación, la suma, y sobre todo la forma que tenemos de enseñarla en las escuelas. Mi entrada, se justifica en una reciente visita a una escuela, y una ficha sobre una de las mesas en la que aparecía esta figura,

Uno de los niños me dijo, es importante que el signo esté en ese lado y los números bien “enfiladitos” uno encima de otro.
Tras unos minutos de conversación con aquel pequeñito de ojos vivos, me di cuenta que no había entendido nada, que los números se colocaban así porque la “maestra lo había dicho”, y que además había “un pollito que ponía números arriba cuando eran mayores que 9”.
Puede parecer algo poco importante, los niños/as terminan aprendiendo las cuatro operaciones, entiendan o no el algoritmo y por qué se hacen las cosas, finalmente las hacen. Pero a mí personalmente me parece un problema de raíz bastante preocupante; estas son las primeras situaciones formales que los niños/as aprenden en relación con las matemáticas, y lo hacen como un acto de fe sin saber otra razón que un conjunto de pasos mecánicos.
Pensando que esta entrada la leerá un maestro o maestra, en algún lugar que vaya a enseñar a sumar, y que pueda hacer que los niños entiendan por qué colocamos así los números; por qué cuando una de las columnas suma un número por encima de nueve, es necesario tener en cuenta la siguiente posición; vamos a acercarnos a unas imágenes que nos mostrarán un sencillo camino a seguir que formalizará la operación.
Quiero dejar la puerta abierta a entradas posteriores, que utilizaré las perlas Montessori, que nos servirán para enseñar a los niños el resto de operaciones fundamentales.
Primero preparamos el material, es conveniente combinar varios tipos de material, y situaciones donde los colores tomen protagonismo, al igual que las formas que designan las posiciones,

Utilizamos alubias –o cualquier otro material fácilmente manipulable- representando la operación que vamos a realizar,

Una vez identificadas las posiciones, de unidades, decenas y centenas, agrupamos las alubias en la posición inferior, replicando lo que haríamos con la operación si trabajamos con lápiz y papel.
Hubiese sido oportuno, que previamente hubiésemos trabajado con los estudiantes, el significado de las posiciones de los números, podemos apoyarnos para ello del ábaco, o de palillos de helado con los que hacemos manojitos, etc.


Contamos cuántas alubias hay en cada una de las posiciones “resultado”, y lo representamos con los bloques multibase, la razón principal es para ilustrar cosas como que una decena son diez unidades. Podemos utilizar pequeños sobres de distintos tamaños para agrupar las alubias, si no contamos con bloques para ayudarnos de la visualización.

Ahora no tenemos más que ir colocando cada cosa en su lugar, los cubitos en las unidades, las barras en las decenas, y las placas en las centenas.


Contamos y ¡tendremos el resultado!.

Con esta idea podemos además trabajar con números decimales, facilitando a los niños/as la visualización de la operación separando la parte entera y la decimal, con una colorida pinza y dos hueveras de colores distintos.


Esta entrada participa en la Edición 6.7: El punto del Carnaval de Matemáticas, alojada en Matifutbol

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6 oct. 2015

Los deberes... ¿por qué regularlos?

¿Por qué entramos en la conveniencia entre tener o no tener deberes?
¿Por qué las asociaciones de padres están en pie de guerra al respecto?
Y más allá, ¿por qué nos permitimos todos intentar regular todo?

Fuente: Flickr

Cuando voy por ejemplo a la compra, ¿me planteo regular como el encargado del supermercado dispone los productos en los paneles?, es verdad, quizá no sea comparable y estoy banalizando, pero quería forzar un poco de reflexión sobre esa necesidad que a todos nos levanta cuando de educación se trata. Y ¿saben ustedes por qué me preocupa esto más? Porque considero que forma parte de una pérdida de posición "social" del docente, otra forma más de que seamos marionetas de hilos invisibles.
Soy docente, y creo que vocacional. Soy de esos que hemos pasado por todos los niveles educativos, que he estado en pública, concertada y privada, que he dado asignaturas de distintas ramas -desde mis matemáticas, lengua, cocina, ciencias naturales, y otras más-. Sigo siendo docente y confieso que no estoy cansada, porque me parece la profesión más bella que se puede tener, ¡qué voy a decir yo!. Y mi vocación he de agradecerla a mis profesores, desde aquel primer colegio a la entrada del casco antiguo conquense, a los que más tarde tuve en la universidad, o a los que me acompañan en el quehacer diario, o a esos alumnos y alumnas que siempre consideré pequeños enseñantes potenciales. Y digo ésto no como egocentrismo, sino para justificar que conozco el sistema educativo desde fuera y desde dentro, y que creo que estamos entrando en extremos queriendo protocolizar todo.
¿Quién no ha oído últimamente casos del tipo? ... "el centro X quita los libros", "la escuela Y prohibe los deberes escolares", "el colegio Z no tiene exámenes", ... y yo me pregunto, ¿y si lo necesitas no puedes? y el profesor Pascual, del centro X, o del Y o el Z necesita una de esas prácticas en algún momento, ¿puede acudir a ellas?.
Lo siento, si ofendo a alguien, pero quiero manifestar mi protesta antes esas regulaciones en un espacio como "la escuela", que debe tener movimiento y sobre todo libertad,  enseñando además a los niños a vivir esa libertad desde su propia consciencia.
Los deberes, ¿qué es lo que estamos juzgando?, las noticias -unas apoyadas en el informe de la OCDE, otras desde experiencias personales- hablan de prohibición y/o regulación, pero vamos a pensar ¡las cosas dependen del niño, de la edad, de la materia... y mejor aún todo depende de la naturaleza de la tarea, ¡no intentemos regular todo!.
Defiendo los deberes, como madre, defiendo que mis hijos adquieran esa responsabilidad cada tarde, y más aún que les apetezca enormemente llegar a casa para hacerlo; defiendo también que jueguen y por qué no, que se aburran.
Defiendo los deberes, como docente, defiendo que los chicos/as puedan ir interiorizando lo que aprehedieron en el aula, pero lo hago como ruptura. No es cuestión de muchas horas, sino de efectividad en los minutos.
Y como docente, también quiero reconocer la dificultad que siempre ha sido diseñar tareas que respondieran a esa idea: motivación, autoevaluación, búsqueda, investigación, creatividad, ... pero esforzándose y trabajando en equipo se consigue, y sobre todo conociendo a mis alumnos/as a todos y a cada uno, tengo una oportunidad de ayudar a una formación como persona, desde la singularidad como potencial.
Por ello, me preocupa, que se intente atar al docente, que se le convierta en el protagonista de las conversaciones de padres, que se intente regular todo en los escenarios educativos, ..., me preocupa, que no nos preocupemos, valga la redundancia, que necesitamos formación para conseguir estas situaciones de ruptura. Pero dejemos de fiscalizar y vamos a construir.
Ayudemos a los profesores, en vez de hablar de ellos en los grupos de whatsapp, ayudemos a nuestros niños a estar preparados para una sociedad de mañana que hoy no conocemos.
Quizá... todo sea más fácil si en vez de llamarles "deberes" les ponemos un nombre distinto, ¿es solamente eso?